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Poner la Locura Contra la Pared

Poner la Locura Contra la Pared

La idea de poner la locura de la mente moderna contra la pared, a pesar del constante bombardeo de CNN, los teléfonos celulares, el ciberespacio... la idea de sentarse en meditación silenciosa como lo hicieron los discípulos de Buda hace 2,500 años, parece una posibilidad remota. Reconociendo esto, Osho ha creado meditaciones activas. Un profesor de sociología retirad describe cómo la Meditación Dinámica revitaliza al hombre moderno y a la sociedad del siglo veintiuno.

Son las siete. Mi hijo se va a la escuela, y cambio mis pijamas por mis pantaloncillos cortos de gimnasia y una camiseta. No se necesita más, pronto me sentiré caliente. Como estoy a punto de meditar, hay que hacerlo en forma dinámica, de eso se trata. La Dinámica es una meditación muy curiosa, particularmente si es vista desde el exterior. Tiene poco que ver con imágenes de monjes rapados sentados durante horas en pisos fríos de piedra, menos aún con cantar mantras sagrados, o contemplaciones en asuntos sagrados. Ya es hora, es de mañana, y su mensaje es simple: ¡despierta! porque es más fácil decirlo que hacerlo, pues uno tiene que enfrentarse a mucha resistencia dentro de uno mismo, utilizando medios masivos, energéticos y vigorosos para que despertemos. Vivimos tiempos tanto afortunados como desafortunados. Todo se ha puesto patas arriba.

Ya no sabemos por qué vivimos, para qué vivimos, qué estamos haciendo, si realmente queremos lo que queremos. Hemos perdido nuestra orientación y estamos perdiendo rápidamente nuestros máximos sueños. Algunos de nosotros son conscientes de ello, muchos lo detectan un poco, pero la mayoría no desea saber nada al respecto. Nos perdemos en el trabajo, el placer, toda clase de actividades, o nos enfocamos en el alcohol o las drogas para evitar lo obvio. Los consejeros tienen más demanda que nunca: los más tradicionales como los astrólogos, los lectores de cartas o adivinos, así como en su versión moderna al ser contactados marcando durante un programa de televisión o consultando en un libro. Te dicen cómo comer, cómo caminar, qué debes usar, dónde y cuándo, en qué dirección tener la cabeza mientras duermes, cómo hacerte rico, cómo estar o mantenerte sano, y lo último pero no menos importante, cómo amar.

Pero cuantos más consejos nos dan, cuanto más conocimientos recolectamos acerca de “cómo hacer las cosas”, más perdidos nos sentimos, más sentimos quedarnos atrás. Nuestra supuesta consciencia iluminada moderna es, al parecer, una consciencia muy infeliz. Cuanto más desarrollada está una civilización, más neuróticos, más psicológicamente enfermos, más adictos, más suicidas son sus miembros. Después de todo, las grandes visiones sociales de nuestra época han salido a flote como pompas de jabón, siendo la última la crisis del socialismo, la vida parece haberse convertido en algo que debemos pasar simplemente, o utilizando una frase acuñada por Max Weber, “soportar como un hombre”, lo cual está bien si estás del lado de la cerca donde la vida está a todo lujo. Pero la carne en la olla se está pudriendo. Incluso la riqueza no sostiene lo que alguna vez prometió, y en lo profundo todos lo sabemos, por mucho que nos estemos muriendo por tenerlo.

Amamos nuestros sueños y nos duele cuando se rompen. Pero ási son las cosas y nada podemos hacer al respecto. Todo lo que podemos hacer es reprimir el dolor, cerrar nuestros ojos y nuestros corazones para evitarlo. Pero un día nos atrapa, cuando algún acontecimiento imprevisto, una enfermedad, un accidente, una guerra, una catástrofe natural, un encuentro humano, incluso nuestro propio final, hace una grieta en nuestras preocupaciones personales y nos preguntamos angustiados: “¿Era eso? ¿Era realmente eso?” Cada vez que se destruye un sueño, se revela simplemente como un sueño, y roto en pedazos, estamos a punto de despertar.

Pero la pregunta es: ¿Queremos despertar? ¿Realmente queremos ser desilusionados? ¿O preferimos aferrarnos a nuestras ilusiones hasta el amargo final? Básicamente, no tenemos alternativa. Cualquiera que simplemente se detiene por un momento y mira fijamente el estado del mundo, ve esta enorme pesadilla de lo que realmente es, sabe que esa pesadilla estallará más temprano que tarde, y todos nuestros pequeños sueños privados estallarán junto con ella.

¿Queremos, quieres, quiero despertar? Mientras que la cinta con la música que acompaña la Meditación Dinámica se rebobina en mi grabadora, hago mecánicamente mis preparativos: jalo un colchón de hule espuma a un sitio determinado para que no me lastime en caso de que sienta ganas de lanzar un puñetazo, y sueno mi nariz tan profundo como puedo, ya que la nariz debe estar libre pues de lo contrario nada es posible. Entonces empiezo la cinta: un fuerte gong resuena, y entonces comienzan los tambores. Me paro allí, con los pies firmes en la tierra, mas sin embargo tan suelto como sea posible, y respiro tan rápido y profundo y caótico como puedo, a través de la nariz. La boca está cerrada con firmeza, así como los ojos. De cualquier manera eso es lo que dicen las instrucciones. Hoy me siento mejor que durante los últimos días, pero la respiración no viene particularmente rápido, mucho menos profundamente. Los orificios de mi nariz están completamente abiertos, pero dificilmente algo de aire parece entrar.

El orificio izquierdo de la nariz está, como siempre lo está en los primeros minutos, casi cerrado, y el derecho también se siente bastante estrecho. En verdad, al principio generalmente lo tomo con calma, permitiéndome aproximadamente un minuto de calentamiento antes de empezar realmente a jadear, pero en esta ocasión me siento más apagado que suelto. ¿Pero no me sentía particularmente en forma ahora mismo? ¡Ah, es eso! Me estoy sintiendo bastante bien, y es precisamente debido a eso. Estoy temeroso de que esta pequeña cantidad de bienestar se pueda alterar si realmente continúo. Me gustaría aferrarme a ella un poco más y no entrar en la mierda enseguida.

Muy a menudo no deseamos en realidad despertar. Sí, deseamos deshacernos de los malos sueños, las pesadillas, ¿pero de los hermosos? Muchos de nosotros anhelamos los buenos viejos tiempos. Nos quejamos del presente y buscamos soluciones que hace tiempo eran obsoletas. Espectros del pasado nazi levantan sus feas cabezas aquí y allá, cabezas rapadas con un cráneo como emblema. En verdad, sus ideas son estúpidas y sosas, pero ¿qué alternativa tiene nuestra sociedad para ofrecerles? ¿Caviar en vez de Big Macs, champán en vez de Coca Cola, una carrera en vez de sexo, drogas y rock-and-roll? ¿Y encima de eso algunos sermones áridos y falsos sobre las glorias de la razón?

La razón se ha convertido en un árbol muerto sin frutos, un árbol que dice: “Lo siento, ya no tengo frutos, tienes que comprender, tienes que vivir con ello.” Si estuviéramos preparados para mirar en realidad, veríamos en estos jóvenes que van a la deriva los espejos de nuestra propia falta de perspectiva y de visión. Y lo mismo aplica para los heroinómanos muertos, para los bebés maltratados, para los niños abusados sexualmente, para las relaciones enfermas, para esos sitios infinitamente tristes y sin salida llamados “hogares para ancianos”, para esas deshumanizadas salas de hospital prolongadoras de la vida y la muerte en nuestros garajes para reparar la salud, para todos esos pacientes alcohólicos sin esperanza, con cáncer, fallas cardíacas y SIDA.

Cualquiera que tiene agallas para hablar la verdad sólo puede tener algo así que decir: “Aquellos de ustedes que creen en castillos de arena amurallados, que desean más de la vida que simplemente otro placer de alimento o sexo, pero también más que sólo desafiar la adversidad, más que simplemente un acuerdo 'razonable' con lo que no se pueden cambiar… si desean vida, en su totalidad, entonces tendrán que crearla ustedes mismos, encontrar sus respuestas a partir de su propio ser interior sin ninguna carta. No existen otras metas sino ésas. Es por ello que estás aquí. Eres único. Tú mismo eres la meta, la respuesta, el significado. Sí, tú.” Hay un poco más que decir al respecto. En Europa, la herencia del siglo diecinueve está muerta, acabada para bien, aún si de vez en cuando el nacionalismo todavía se levanta de su sepulcro.

La rendición final y caída del comunismo es mucho más que simplemente el derrumbamiento de un cierto sistema social o imperio. Es también la muerte del marxismo como religión, y eso tiene implicaciones mucho más amplias. “Los hijosde Marx y de la Coca-Cola”, como un famoso cineasta francés de los años sesenta, Jean-Luc Godard, resumió a los estudiantes rebeldes de la época, están muriendo. Ahora sólo queda la Coca-Cola. Ésa es la revolución, o quizás aún más: un derrumbamiento espiritual, comparable a los descubrimientos de Galileo que pusieron fin a la Edad Media, y con ella a toda la certeza de una cosmología universal compartida, una visión mundial común. Porque lo que se fue por el drenaje junto con el marxismo es el último de los grandes intentos occidentales para encontrar una respuesta común a la ardiente pregunta sobre el significado de la vida.

Ahora lo sabemos: no hay ninguno. A menos que aceptes que es la Coca-Cola, pues eso es lo más que la sociedad tiene para ofrecer. O a menos que aceptes que está en ti mismo. ¿Pero quiénes eres tú? Ésa es la única pregunta que queda: ¿Quién son yo? Aquí estoy, levantándome temprano por la mañana y respirando como loco por mi nariz. ¿Es esa una manera de encontrar la respuesta? Parece más bien perder la cabeza que encontrar tus sentidos. Pero es menos sensible que decir, por el bien de la discusión, ¿qué estaba haciendo el filósofo Immanuel Kant? Él pasó toda su vida en su torre de marfil de Ksnigsberg torturando su cerebro y escupiendo frases que nadie puede entender, substituyendo los Diez Mandamientos por el Imperativo Kantiano que intentaba dirigir al hombre en su acción moral. Pero, de hecho, no lo cambió ni una pizca. ¿O es menos sensible que lo que Marx hacía cuando estaba planeando la salvación del hombre en el cuarto de lectura del Museo Británico?

Estos pensadores pueden haber hecho lo más sensible y lo mejor posible en su tiempo, pero ahora es un tiempo culminante para echar una buena mirada a nosotros mismos, en persona, no en teoría. Después de todo, es la suma total de todos nosotros la que está creando nuestra historia. Y para eso no se necesitan libros. En los libros, lo único que podemos encontrar son los pensamientos de otras personas, replicando a su vez los pensamientos de otros. Lo que se necesita es un espejo que nos ayude a mirar dentro de nosotros mismos. Y la Meditación Dinámica es simplemente un gran espejo. Y es por ello que estoy aquí parado, jadeando y soplando como un tren expreso.

Cuando observo mi falta de entrega, cambio a la siguiente velocidad. Mi nariz sigue terriblemente estrecha, pero sé que esto cambiará pronto. En pocos minutos he alcanzado una velocidad que deja mis pensamientos detrás. Ése es uno de los propósitos del ejercicio: la mente ha salido disparada... no hay que tener miedo, ¡regresará! Todo lo que escucho ahora es un staccato de exhalaciones masivas, conducido por tambores frenéticos. Me doy cuenta que aún se puede más... siempre se puede más, y respiro más profundamente. No pienso en nada, sólo está la respiración... más profunda, más rápida, más alocada. Va completamente por su propia cuenta. De pronto, una punzada de dolor aparece en alguna parte. Simplemente me doy cuenta de ello, y entonces regreso a la respiración. Al limite de velocidad, con la intensidad encendida, simplemente estoy en ello, y es divertido ir al máximo. Los tambores aumentan hasta un clímax. Entonces el gong... fin de la primera fase.

La primera fase de la Meditación Dinámica es el despertar a una nueva vida. “¡Despierta, hombre!”, parece gritarnos. “Sal de tu sueño ancestral, sal del laberinto de tus sueños, ya sean dulces o una pesadilla. ¡Deja de quedar atrapado en estos sueños, abandona tus limitaciones y vive! ¡Respira! ¡Respira y vive! ¡Ábrete a la respiración de la vida, toma tanto como te sea posible! ¡Deja de filosofar sobre la vida, deja de perderte en los sueños de otros, deja de soñar con el Día X en el que realmente empezarás a vivir! ¡Házlo tú mismo, házlo ahora! VIVE.” La respiración es vida. La primera y última respiración son los dos extremos entre los cuales se desplaza nuestra existencia humana. Dios, se dice, puso su respiración en Adán que fue creado de la arcilla, haciéndolo cobrar vida.

La palabra hindú para respiración, prana, es sinónimo de energía vital. Un terapeuta de respiración puede descifrar mi forma de vida por la manera en que respiro. Cada uno de nosotros tiene sus propios patrones de respiración, cada uno tiene trucos subconscientes de cómo evitar ciertas experiencias que pueden amenazar al inconsciente, simplemente cambiando el ritmo de la respiración. Es por ello que las escuelas ancestrales como el yoga, así como las psicoterapias modernas, usan la respiración como camino para traer armonía de nuevo al cuerpo y al alma, o traer a la luz, y sanar, las experiencias traumáticas ocultas profundamente en el inconsciente. Pero esto no está trayendo armonía... ¡es un caos! La respiración profunda y rápida disuelve los patrones consolidados de nuestra psique, hace que todo se mueva y se sacuda, y carga el cuerpo con oxígeno y energía vital, reventando nuestra estructura psicosomática, la orden que fue creada por las circunstancias de nuestro nacimiento y de nuestro condicionamiento de origen.

Nos estamos acercando a la vida en su estado salvaje original, impredecible, poderoso. El progreso de la música rock de los años sesenta es una muestra de la necesidad del alma humana del lado caótico de la vida, de las expansiones, del movimiento incontrolable. Esto fue expresado en frenéticos solos en la guitarra y los tambores. Todo artista conoce esto, así como todo niño. Para los niños a quienes se concede cierta libertad, cada día es nuevo. Es por ello que tienen un sentido diferente del tiempo. La vida es más intensa, abierta a los descubrimientos y a las sorpresas. Eso es lo que Jesús debe haber tenido en mente cuando dijo: “A menos que os volváis como niños…” sin moldes, sin patrón, simplemente vulnerables, curiosos e inocentes. Pero no sólo tenemos patrones, nosotros somos patrones. Nos hemos vuelto uno con ellos a tal grado que no estamos siquiera enterados del hecho, ni siquiera los notamos. Perdimos nuestra inocencia hace tiempo, y deseamos encontrarla de nuevo. Y la encontraremos otra vez si deseamos gozar, celebrar realmente la vida y no ir arrastrándonos a solas.

Así pues mi opción con esta meditación es ya sea respirar como si todo el infierno se desatara, u olvidarme de volver a estar vivo. El miedo de lo que significa volver a estar vivo está en cada uno de nosotros, y es comprensible. No tenemos idea qué va a suceder si nuestros mecanismos interiores y exteriores mantenidos con tanto cuidado, hacen crisis. Quizá hay una orden interna, a la que Heráclito llamó “la armonía oculta.” Pero quién sabe... tal vez no. Sí, podemos suponer, pero no sabemos. Aquí es donde un Maestro, alguien que ha despertado, desempeña un papel tan central en la búsqueda espiritual. En él, si no está pretendiendo, esta armonía interna, este ser en consonancia con el latido del corazón íntimo de la existencia, ha tomado forma. En él podemos sentirla, en él adquiere una voz y un rostro. En él, la transcendencia no es simplemente un término abstracto, sino una realidad palpable.

Podemos también equivocarnos, por supuesto, pero en el camino espiritual no hay seguridad, ni garantía. Las técnicas tradicionales de meditación creadas hace unos 2,500 años tienen como objetivo tranquilizar paso a paso la mente a través de décadas de paciente práctica, como en el Zen japonés o en el Budismo tibetano. Ambas tradiciones han llegado a ser muy populares en Occidente en los últimos años. Por el contrario, la Meditación Dinámica Osho es mucho más que una terapia de trauma. Todas las técnicas de meditación son trucos, intentos de poner la mente a dormir sin que la consciencia caiga dormida junto con ella, para permitir un vislumbre de no-mente... la dimensión que va más allá de la mente.

Si una técnica funciona o no es una cuestión de quién la utiliza. Pero la gente para quien las técnicas ancestrales fueron desarrolladas ya se ha ido. Hoy vivimos en un mundo totalmente diferente. La Meditación Dinámica es un método para el hombre moderno tal y como es: neurótico, acelerado, confundido. Ayuda a llevar todo el lío de la mente moderna a ebullir de modo que pueda evaporarse. Con estos métodos, gracias al genio de Osho quien los inventó, un camino nuevo a la meditación ha ido abriéndose paso a través de la selva de la mente de hoy, más densa y enredada que nunca antes en la evolución del hombre.

Por Dr. Wilfried Nelles