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VIDA

En India, si ven a un sanyasin bebiendo té pensarán que no es un buen hombre. Gandhi no permitía que nadie en su ashram bebiera té. El té estaba prohibido, era pecado; nadie podía tomar té. Si Gandhi hubiera leído esta historia se hubiera sentido ofendido: ¡un iluminado, Joshu, invitando a la gente a tomar té! Pero el zen tiene una actitud distinta frente al té. Su nombre proviene de un monasterio chino, Ta.

Allí, por primera vez, descubrieron el té y se dieron cuenta de que el té ayuda a meditar porque el té te hace estar más alerta, te facilita el estar atento. Por eso, si tomas té, te será difícil irte a dormir acto seguido. Descubrieron que el té mantiene la atención, la consciencia, de modo que en un monasterio zen el té forma parte de la meditación. ¿Y qué puede Joshu ofrecer más que atención? Cuando dice: 'Toma una taza de té', está diciendo: 'Toma una taza de consciencia'. El té es muy simbólico para ellos. Te está diciendo: 'Toma una taza de consciencia'. Eso es todo lo que la iluminación puede hacer. Si tú vienes a mí, ¿qué puedo ofrecerte? No tengo más que una taza de té.

Eso es todo lo que un Buda puede ofrecer: al conocido o al desconocido, al amigo o al extraño, e incluso al superior que ha estado siempre al frente de su monasterio –'Ven y toma una taza de té'-. Pero no hay nada más valioso que eso. En los monasterios zen tienen una habitación para tomar el té. Es como un templo: el lugar más sagrado. No puedes entrar en ella con zapatos porque es una habitación de té. Ni siquiera puedes entrar sin darte un baño. 'Té' significa consciencia y su ritual equivale a orar. Cuando la gente entra en una habitación de té guarda silencio. Cuando entran en la habitación no se les permite charla alguna; guardan silencio. Se sientan en el suelo en postura meditativa y el anfitrión o la anfitriona prepara el té. Todo el mundo está en silencio. El té empieza a hervir y todos prestan atención al sonido, a la música que crea la tetera. Todos han de escucharlo. Han empezado a beberlo aunque el té no ha sido ni siquiera preparado.

Si preguntas a la gente del zen te dirán: 'El té no es algo que tú sirvas con descuido y bebas como una bebida cualquiera. No es una bebida. Es meditación, es oración.' De modo que escuchan cómo la tetera crea la melodía y en esa escucha van volviéndose más silenciosos, más atentos. Luego se colocan ante ellos unas tazas y las tocan. Esas tazas no son corrientes. Cada monasterio tiene sus propias tazas, prepara sus propias tazas. Aunque las hayan comprado en el mercado, primero las rompen y después las encolan de nuevo de forma que la taza se convierte en algo especial. No puedes encontrar otra igual en ninguna parte. Y entonces todos tocan la taza, sienten la taza. La taza representa al cuerpo. Si el té representa la consciencia, la taza representa al cuerpo. Y has de esta alerta, has de estar atento desde el centro mismo de tu cuerpo. Al tocarla, se mantienen alerta, en meditación. Entonces es servido el té. Se percibe su aroma, su olor. Esto lleva largo tiempo: una, dos horas..., no te bebes el té en un minuto, dejas la taza y te vas; no. Es un largo proceso, lento, en el que vas siendo consciente de cada paso. Y entonces lo beben. Su sabor, su calidez... todo es hecho con máxima atención.

Por eso es el maestro el que sirve el té al discípulo. Con un maestro sirviéndote el té en tu taza estás más atento y consciente. Con un sirviente vertiendo el té en tu taza, simplemente te olvidas de él. Cuando Joshu sirve el té en tu taza —o si yo me acercara y sirviera té en tu taza— tu mente se detiene, te quedas en silencio. Algo especial está sucediendo, algo sagrado. El té se convierte en una meditación.

Joshu les dice a los tres: 'Toma una taza de té.' El té es sólo una excusa. Joshu les sirve más conciencia y esa consciencia les llega a través de la sensibilidad. Has de ser más sensible en todo lo que hagas, incluso en algo tan trivial como tomar el té. ¿Sabes de algo más trivial que tomar el té? ¿Puedes encontrar algo más vulgar, más corriente, que tomar el té? No, no puedes. Y los monjes y maestros zen han elevado esto tan vulgar hasta lo más extraordinario. Han unido el 'esto' con el 'eso', como si el té y Dios se hubieran vuelto uno. A menos que el té se vuelva divino, no serás divino, porque lo más bajo ha de ser elevado hasta lo más alto, lo ordinario ha de ser elevado hasta lo extraordinario, la tierra se ha de convertir en cielo. Han de ser unidos sin que quede separación alguna.

Únelos, de forma que tomar el té se convierta en una oración y lo más profano se convierta en lo más sagrado. Es un símbolo. Y el zen dice que sólo si tu vida corriente se vuelve extraordinaria, eres espiritual. Si no, no eres espiritual. Lo extraordinario ha de ser descubierto en lo ordinario. En lo conocido has de descubrir lo desconocido; en lo familiar, lo nuevo; en lo próximo, lo lejano; en 'esto', 'eso'. Por eso Joshu dice: 'Ven y toma una taza de té.'