Quantcast

Featured Books Life Love Laughter VIDA

VIDA

Joshu vio un monje y le preguntó: '¿Te he visto antes? '
El hombre le dijo: 'No, señor, no es posible. Acabo de llegar por primera vez, soy nuevo. No puede haberme visto antes.'
Joshu le dijo: 'De acuerdo. Toma entonces una taza de té.'
Entonces le preguntó a otro monje: '¿Te he visto antes? '
El monje le contestó: 'Sí, señor; ha de haberme visto. Siempre he estado aquí. No soy nuevo. '
El monje debía de ser un discípulo de Joshu. Y Joshu le contesta: 'De acuerdo. Toma entonces una taza de té.'

El abad del monasterio se quedó perplejo: ante dos personas distintas que le habían respondido de diferente manera eran necesarias dos respuestas distintas. Pero Joshu había respondido de la misma manera al desconocido y al amigo, al que había llegado por primera vez y al que había estado allí desde siempre. Joshu había contestado de la misma manera al desconocido y al conocido. No había hecho ninguna distinción, ninguna en absoluto. No había dicho: 'Tú eres nuevo. ¡Bienvenido! Toma una taza de té.' No le había dicho al otro: 'Siempre has estado aquí, de modo que no es necesaria la taza de té.' Ni había dicho: 'Siempre has estado aquí de modo que no necesito responderte.'

La familiaridad genera aburrimiento. Nunca agasajas a lo familiar. Nunca miras a tu esposa. Ella ha estado contigo desde hace muchos, muchos años y te has olvidado por completo de que existe. ¿Cuál es el rostro de tu esposa? ¿Te has fijado en ella recientemente? Puede que te hayas olvidado por completo de su cara. Si cierras tus ojos y meditas recordándola, puede que recuerdes el rostro que miraste por primera vez, pero tu esposa es un flujo, un río, constantemente cambiando. Su rostro ha cambiado; ella ha envejecido. El río ha seguido fluyendo por nuevos vericuetos; el cuerpo ha cambiado. ¿La has mirado recientemente? Tu esposa te es tan familiar que no necesitas mirarla. Sólo miramos aquello que nos es desconocido, nos fijamos en aquello que nos llama la atención por novedoso. Se dice que la familiaridad alimenta el contento; no, alimenta el aburrimiento.

He oído una anécdota.

Dos hombres de negocios muy ricos estaban de vacaciones en Miami Beach. Estaban tumbados tomando el sol y uno le dijo al otro: 'Nunca comprenderé lo que la gente ve en Elizabeth Taylor, la actriz. No comprendo lo que ven en ella, por qué se vuelven locos con ella. ¿Qué tiene de especial? Si le quitas los ojos, si le quitas el pelo, si le quitas los labios, si le quitas su figura, ¿qué le queda? ¿Qué queda?'

El otro hombre lanzó un gruñido, se puso serio y replicó: 'Mi esposa. Eso es lo que queda.'

En eso es en lo que se ha convertido tu esposa, tu marido: en nada. Debido a la familiaridad, todo ha desaparecido. Tu marido es un fantasma, tu esposa es un fantasma, sin figura alguna, sin labios, sin ojos; simplemente algo repugnante. No siempre ha sido así. Una vez te enamoraste de esa mujer. Ese instante ha desaparecido; ahora ni siquiera la miras. Los maridos y las esposas evitan mirarse a la cara. He convivido con muchas familias y he observado a maridos y esposas evitar mirarse entre sí. Han creado muchos trucos para evitar mirarse. Cuando se quedan solos siempre están intranquilos. El invitado es siempre bienvenido; así pueden mirarle y evitar mirarse entre ellos.

Joshu parece ser absolutamente distinto comportándose de la misma manera con un extraño y con un amigo. El monje le dijo: 'Siempre he estado aquí, señor. Me conoce bien.' Y Joshu le replica: 'Toma entonces una taza de té.' El superior no supo comprenderle. Los superiores son siempre estúpidos; para ser gerente de lo que sea es necesaria una mente estúpida. Y un gerente nunca puede ser muy meditativo. Es difícil: has de ser matemático, calculador; has de observar el mundo y disponerlo todo en función de ello. Él se quedó perplejo: «¿Qué hacer? ¿Qué está sucediendo? Parece ilógico. Está bien ofrecer una taza de té a un extraño, pero no a este discípulo que siempre ha estado aquí.» De modo que le pregunta: '¿Por qué respondes de la misma manera a dos personas distintas, a dos preguntas distintas?'

Joshu le contestó gritando:'¡Abad! ¿Estás aquí?'
El superior le contestó: 'Sí, señor; evidentemente estoy aquí.'
Joshu le dijo: 'Toma entonces una taza de té.'
Al decir en voz alta: '¡Abad! ¿Estás aquí?', está llamando su atención, activando su presencia.