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AMOR

…¿Dónde reside el dolor en la sexualidad? Reside en que te recuerda tu condición animal. Ése es el dolor. Te recuerda tu pasado, te recuerda tu dependencia biológica, te recuerda que no eres libre, te recuerda que eres esclavo de los instintos que la naturaleza te ha dado, que no eres independiente de la naturaleza, que eres dirigido por la naturaleza, que eres simplemente una marioneta en manos de lo desconocido, en manos de fuerzas de las que no eres consciente.

El sexo es sentido como una humillación. En el sexo empiezas a sentir que estás perdiendo tu dignidad; de ahí el dolor. Y la satisfacción que obtienes es también momentánea. Si eres inteligente, antes o después te darás cuenta de que la satisfacción que proporciona es momentánea y va seguida de largas noches de dolor.

El éxtasis es como la brisa: viene y se va dejándote como un desierto, totalmente frustrado, desengañado. Tenías muchas esperanzas, la parte o instintiva de ti te había hecho muchas promesas..., y no has obtenido nada.

En realidad, el sexo es la estrategia de la naturaleza para perpetuarse a sí misma. Es un mecanismo que hace que te reproduzcas porque si no, la humanidad desaparecería. Imagínate una humanidad en la que el sexo no fuera un instinto y fueras libre, imagínate pudiendo elegir si usar el sexo o no. Entonces todo el asunto te parecería absurdo, te parecería ridículo. Simplemente imagínatelo. Si no hubiera una fuerza instintiva que tirara de ti, no creo que nadie estuviera dispuesto a adentrarse en el sexo. Nadie lo hace con pleno consentimiento; lo hace a regañadientes, resistiéndose.

Si te informas y estudias los modelos sexuales de las diferentes especies de animales e insectos, te quedarás perplejo. Si el sexo fuera dejado a la voluntad de las especies ¿quién lo practicaría? Por ejemplo: hay especies de arañas en las que, mientras el macho está haciendo el amor con la hembra, la hembra empieza a comérselo. Para cuando han acabado de hacer el amor, ¡el macho ha desaparecido! Imagínate si a esas arañas se les diera la libertad de escoger: en el instante en que divisaran a la hembra, escaparían tan lejos como pudieran. ¿Por qué iban a suicidarse si tuvieran conocimiento previo de ello? Y han visto a otros machos desaparecer de la misma forma - cada día sucede -, pero cuando el instinto les posee, son simplemente sus esclavos. Se ponen a temblar, están asustados, y no obstante hacen el amor sabiendo perfectamente que es el final. Cuando el macho tiene el orgasmo, la hembra empieza a comérselo.

La chinche hembra no tiene ningún orificio, de modo que es muy difícil hacer el amor con ella. La chinche macho primero tiene que hacerle un agujero. Puedes saber fácilmente si la chinche hembra es virgen o no, porque cada vez que hace el amor, queda una cicatriz, - ¡es una verdadera penetración! - pero ella accede aun sabiéndolo. Es doloroso y su vida está en peligro porque si el macho hace el orificio en un lugar equivocado, ella morirá. ¡Y también existen machos estúpidos! Pero a pesar de todo asume el riesgo; hay una fuerza inconsciente que le hace aceptarlo.

Si pudiéramos decidir por nosotros mismos sobre el sexo, no creo que la gente lo practicara. Existen razones que justifican el por qué hacemos el amor ocultándonos del público, de la gente: resulta tremendamente ridículo. Sabes perfectamente que si hicieras el amor en público los otros se darían cuenta de su ridiculez; tú mismo verías que es ridículo. Sientes como si cayeras por debajo del nivel humano y eso - la sensación de ser atrapado por lo animal - es muy doloroso.