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AMOR

…Pero aporta unos instantes de absoluta pureza, de gozo y también de inocencia. Conlleva unos instantes de intemporalidad cuando de repente el tiempo desaparece. Conlleva unos instantes de ausencia de ego cuando en el profundo espasmo orgásmico uno se olvida del ego. Te proporciona unos pocos vislumbres de Dios. Por esto tampoco puedes renunciar a él.

La gente lo ha intentado; en todas las épocas, los monjes han renunciado a él por la sencilla razón de que estar bajo el impacto de un instinto inconsciente es humillante, contrario a la dignidad de los seres humanos. Es deshumanizante, desmoralizante. Los monjes han renunciado a él, han abandonado el mundo, pero al hacerlo también ha desaparecido todo el gozo de sus vidas. Se han vuelto muy serios y adustos; se han vuelto suicidas. Ahora no ven significado alguno en la vida; la vida les parece sin sentido. Simplemente esperan que la muerte venga y se los lleve.

Es un asunto delicado. ¿Cómo resolverlo? Los monjes no han sido capaces de resolverlo. Por el contrario, han creado en el mundo muchas perversiones. Todas las perversiones que tus mal llamados santos condenan, han sido creadas por ellos mismos. La primera idea de homosexualidad surgió en los monasterios porque los hombres vivían juntos, alejados y separados de las mujeres y las mujeres vivían juntas, alejadas y separadas de los hombres.

Existen monasterios católicos en los que ninguna mujer ha entrado en mil años. No se ha permitido entrar ni siquiera a un bebé de seis meses. Sólo considerar esa posibilidad es terrible; esos monjes parecen ser muy peligrosos. ¡Ni siquiera a una niña de seis meses se le permite entrar en el monasterio! ¿Qué revela esto? ¡Un tremendo miedo! ¡Una gran paranoia! .

Naturalmente, los monjes viven juntos y entonces sus instintos empiezan a abrir nuevos caminos, empiezan a inventar perversiones... se vuelven homosexuales. La homosexualidad es realmente muy religiosa, es un subproducto de la religión. Las religiones han aportado muchas cosas al mundo; la homosexualidad es una de ellas.

Toda clase de perversiones... ya no oyes hablar de ninguna mujer que haga el amor con el diablo. ¡Parece que de repente el diablo haya perdido el interés por las mujeres! No hay ningún diablo. Pero si mantienes a las mujeres apartadas de toda posibilidad de enamorarse, de sentir amor, entonces la mente empezará a crear sus propias proyecciones y, evidentemente, esas proyecciones tendrán un gran colorido. Y esas proyecciones aparecerán; no podrás evitarlas.

Por esto los monjes y las monjas han sido incapaces de resolver el problema. Lo han hecho aún más inextricable. Y la persona mundana, la sensual, la indulgente, tampoco ha sido capaz de resolverlo. Sufre de forma miserable; toda su vida es puro sufrimiento. Sigue teniendo esperanzas y va de una esperanza a otra. Todas ellas van fracasando y, lentamente, en su ser se va asentando una tremenda desesperanza. Mi enfoque ni está a favor del mundo, ni del otro mundo. Mi enfoque no es rechazar nada, sino usarlo todo.