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VIDA

No esperes nada del futuro. No lo corrompas. Porque si todas tus expectativas se cumplen, también te sentirás miserable... porque son tus expectativas y se han cumplido. No te sentirás satisfecho. La felicidad sólo es posible a través de la sorpresa, la felicidad sólo es posible cuando sucede algo que no esperabas, cuando te encuentra completamente desprevenido. Si tus expectativas se cumplieran al cien por cien, vivirías como si estuvieras en el pasado, no en el futuro. Si llegaras a casa esperando que tu mujer te dijera algo, y ella te lo dijera; si esperaras que tu hijo se comportara de un determinado modo y así lo hiciera... piensa en ello.

Siempre estarías aburrido. No pasaría nada. Todo será simplemente una repetición, como si estuvieras viendo algo que ya has visto antes, escuchando algo que ya has escuchado antes. Continuamente estarías viviendo una repetición. Y una repetición nunca puede ser satisfactoria. Se necesita lo nuevo, la novedad, lo original.

Tan sólo medita sobre tus expectativas: si se cumplen te sentirás aburrido; si no se cumplen, te sentirás engañado como si hubiera una conspiración contra ti, como si toda la existencia estuviera conspirando contra ti. Te sentirás explotado y rechazado, no serás capaz de sentirte en casa. Y todo el problema surge porque tienes expectativas. No te adelantes al futuro. Abandona las expectativas.

Por eso, si tus expectativas se cumplen, te encuentras completamente insatisfecho. Y si tus expectativas no se cumplen, entonces te sientes frustrado. Te sientes como si tú propusieras y Dios dispusiera, sientes que Dios es tu enemigo, sientes como si todo el mundo estuviera en tu contra y se te opusiera. Tus expectativas nunca se cumplen y te sientes frustrado.
Una vez hayas abandonado las expectativas, habrás aprendido a vivir. Entonces todo lo que suceda, te llenará; todo. Lo único que nunca te frustra es lo inesperado; entonces la frustración es imposible. La frustración es la sombra de la expectativa. Cuando abandonas ésta, la frustración se desmorona por sí sola.

Tú no puedes frustrarme, porque nunca espero nada. No importa lo que hagas; siempre te diré: '¡Bien!' Siempre digo: '¡Bien!', excepto en contadas ocasiones en que digo: '¡Muy bien!'.

Una vez que las expectativas desaparecen, eres libre de ir hacia lo desconocido y aceptar todo aquello que te depare con una profunda gratitud. Desaparecen las quejas, desaparecen las protestas. No importa cuál sea la situación: siempre te sientes aceptado, en casa. Nadie está contra ti; la existencia no es una conspiración en tu contra. Es tu casa.

Lo segundo: cuando todo sucede sin esperarlo, todo es novedoso. Trae la novedad a tu vida. Una brisa fresca está continuamente soplando y no permite que el polvo se acumule en ti. Tus puertas y tus ventanas están abiertas: entra el sol, entra la brisa, entra la fragancia de las flores; todo sin que lo esperes. Nunca lo pediste y la existencia continúa colmándote. Uno siente que Dios existe.

La proposición 'Dios es', no es una proposición; es la afirmación de alguien que ha vivido sin esperar, sin expectativa alguna, alguien que ha vivido maravillado. Dios no es una hipótesis lógica; es una exclamación de alegría. Es como un '¡Ah!'. No significa nada más. Simplemente significa: '¡Ah!'...; simplemente hermoso, simplemente maravilloso, sencillamente nuevo, original, más allá de todo lo que podrías haber soñado. Sí, la vida es más emocionante que cualquier aventura que puedas imaginar. La vida está preñada, siempre preñada, de lo desconocido.

Una vez que tienes expectativas, todo es destruido. Abandona el pasado; ése es el modo de morir a cada instante. Nunca planees el futuro; ése es el modo de permitir que la vida fluya a través de ti. Entonces permaneces en un estado de flujo, fluido. Esto es a lo que yo llamo ser 'sanyasin': no tener pasado, ni futuro; vivir en este instante; estar intensamente vivo; ser una llama ardiendo por los dos extremos, una antorcha ardiendo por los dos extremos. Esto es dejarse ir.