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Featured Books The Book of Women El miedo a la intimidad...(7ª parte)

El miedo a la intimidad...(7ª parte)

He oído una historia sobre Cleopatra, una de las mujeres más bellas. Cuando murió, de acuerdo con los antiguos ritos egipcios, su cuerpo no se quemó hasta el tercer día. En estos tres días fue violada: un cuerpo muerto. Cuando me enteré de ello, me sorprendí: ¿Qué clase de hombre pudo haberla violado? Pero después pensé, quizá no fuese tan raro, todos los hombres han reducido a las mujeres a cadáveres, por lo menos mientras hacen el amor.

Cuando los misioneros cristianos llegaron a Oriente, se sorprendieron al darse cuenta que sólo conocían una posición: el hombre encima de la mujer, porque así el hombre tiene más movilidad y la mujer yace debajo de él, como un cadáver.

Que el hombre esté encima es poco civilizado; la mujer es más frágil. Pero la razón por la que los hombres han elegido colocarse encima, es que así pueden mantener a la mujer controlada. Aplastada debajo de la bestia, la bella no tiene más remedio que controlarse. La mujer ni siquiera debe abrir los ojos, eso es cosa de putas. Debe comportarse como una dama. Esta posición, con el hombre sobre ella, es conocida en oriente como la posición del misionero. Se avecina una gran revolución en la relación entre el hombre y la mujer. En los países evolucionados del mundo, se están desarrollando institutos donde te enseñan cómo amar. Es lamentable que hasta los animales sepan cómo hacer el amor y que al hombre se le tenga que enseñar. Y en estas enseñanzas, lo fundamental es el juego amoroso, anterior y posterior al sexo mismo. ¡Entonces el amor se convierte en una experiencia tan sagrada! Deberías abandonar el miedo a la intimidad y a perder totalmente el control cuando estás con un hombre. Deja que el idiota tenga miedo; si quiere asustarse, eso es asunto suyo. Tú deberías ser auténtica y fiel a ti misma. Te estás mintiendo, te estás engañando, te estás destruyendo.

¿Qué hay de malo en que el hombre se asuste y salga corriendo desnudo de la habitación? ¡Cierra la puerta! Deja que todo el vecindario se entere de que este hombre está loco. Pero tú no necesitas controlar tus posibilidades de tener una experiencia orgásmica.