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Osho Books I Have Loved Libros que he Amado

Libros que he Amado

En tercer lugar: Esto es para los adeptos verdaderos a la locura, para quienes han ido más allá de toda la psiquiatría, del sicoanálisis, para quienes ya no hay ayuda . Este tercer libro es otra vez el trabajo de un alemán, Ludwig Wittgenstein. Escucha su título nada más: Tractatus Logico Philosophicus. Solamente lo llamaremos Tractatus. Es uno de los libros más difíciles de la existencia. Incluso un hombre como G.E. Moore, gran filósofo inglés, y Bertrand Russell, otro gran filósofo - no sólo inglés sino un filósofo del mundo entero -ambos han estado de acuerdo en que este hombre, Wittgenstein, era muy superior a ambos.

Ludwig Wittgenstein era realmente un hombre adorable. No lo odio, pero no me desagrada. Me gusta y lo amo, pero no a su libro. Su libro no es más que gimnasia. Solamente de vez en cuando, después de páginas y páginas puede que te encuentres una oración que sea luminosa. Por ejemplo: Aquello de lo que no se puede hablar no se debe hablar; uno debería permanecer en silencio al respecto. Ahora, ésta es una declaración hermosa. Incluso los santos, los místicos, los poetas pueden aprender mucho de esta oración. Aquello de lo que no se puede hablar no se debe hablar.

Wittgenstein escribe de una manera matemática, con oraciones pequeñas, ni siquiera párrafos: con sutras. Pero, para el loco muy avanzado este libro puede ser de inmensa ayuda. Puede impactarlo exactamente en su alma, no sólo en la cabeza. Tal como un clavo, puede penetrar en su mismo ser. Eso puede despertarlo de su pesadilla.

Ludwig Wittgenstein era un hombre adorable. Le ofrecieron una de las cátedras de filosofía más apreciadas en Oxford. Él declinó. Eso es lo que amo en él. Se convirtió en granjero y pescador. Esto es adorable en él. Es más existencial que lo de Jean-Paul Sartre, aunque Wittgenstein nunca habló de existencialismo. Del existencialismo, a propósito, no se puede hablar; tienes que vivirlo, no hay otra manera.

Este libro fue escrito cuando Wittgenstein tenía como profesores a G.E. Moore y Bertrand Russell. Dos grandes filósofos de Gran Bretaña, y un alemán… fue suficiente para crear el Tractatus Logico Philosophicus. Su significado se puede trasladar a Wittgenstein, Moore y Russell. Yo, por mi parte, habría preferido ver a Wittgenstein sentado a los pies de Gurdjieff, y no estudiando con Moore y Russell. Ése era el lugar adecuado para él, pero se lo perdió. Quizás la próxima vez, quiero decir en la próxima vida… para él, no para mí. Para mí con ésta hay suficiente, ésta es la última. Pero él, al menos una vez necesita estar en la compañía de un hombre como Gurdjieff o Chuang Tzu o Bodhidharma, no con Moore, Russell, ni Whitehead. Él se asociaba con estas personas, las personas inadecuadas. Un hombre adecuado en la compañía de gente inadecuada, eso es lo que le destruyó.

Mi experiencia dice que, en la compañía adecuada incluso una persona inadecuada se vuelve correcta, y viceversa: en una compañía inadecuada, incluso una persona adecuada se vuelve incorrecta. Pero esto se aplica solamente a los no iluminados: adecuado o inadecuado, las dos cosas. Una persona iluminada no puede ser influenciada. Se puede asociar con alguien – Jesús con Magdalena, una prostituta; Buda con un asesino, un asesino que había matado a novecientas y noventa y nueve personas:

Él había jurado matar a mil personas, e iba a matar a Buda también; así es cómo entró en contacto con Buda.

El nombre del asesino no se conoce. La gente lo llamó Angulimala, que significa “el hombre que usa una guirnalda de dedos”. Ése era su camino. Él mataba un hombre, le cortaba sus dedos y los ponía en su guirnalda, solamente para llevar la cuenta del número de personas que había matado. Solamente diez dedos faltaban para llegar a mil; es decir solamente un hombre más…. Entonces Buda apareció. Él se desplazaba simplemente por ese camino de una aldea a otra. Angulimala gritó, “¡Detente!”.
Buda dijo, “Grandioso. Eso es lo que le he estado diciendo a la gente: ¡Detente! Pero, amigo mío, ¿quién hace caso?”.

Angulimala parecido sorprendido: ¿Está loco este hombre? Y Buda continuó caminando hacia Angulimala. Angulimala gritó otra vez: “¡detente! Parece que no sabes que soy un asesino, y he jurado matar a mil personas. Incluso mi propia madre ha dejado de verme, porque solamente me falta una persona …. Te mataré a ti… pero tú pareces tan hermoso que si te detienes y te devuelves, puede que no te mate”.

Buda dijo, “olvídate de ello. Nunca me he devuelto en mi vida, y en cuanto a detenerme, me detuve hace cuarenta años; desde entonces no ha quedado nadie para desplazarse. Y en lo que se refiere a matarme, tú puedes hacerlo de todos modos. Todo lo nacido va a morir'.
Angulimala vio al hombre, cayó a sus pies, y fue transformado.

Angulimala no podía cambiar a Buda, Buda cambió a Angulimala. Magdalena la prostituta no pudo cambiar a Jesús, pero Jesús cambió a la mujer.

Así que lo que dije es tan sólo aplicable a la llamada humanidad ordinaria; no es aplicable a los que están despiertos. Wittgenstein puede despertarse; él habría podido despertarse incluso en esta vida. Desafortunadamente, se asoció a la compañía inadecuada. Pero su libro puede ser de gran ayuda para los que estén realmente en el tercer grado de locura. Si le pueden encontrar sentido, volverán a la cordura.